sábado, 29 de agosto de 2026

5LFB — Karameikos #003 — Y alrededor de la linterna había seis

Desde la trocha no había nada que delatase a los hombres escondidos, pero se ocultaban entre la vegetación y las rocas.


El ornamento seguía sin querer contarles nada.

Habían copiado sus marcas, comparado unas con otras y regresado tantas veces a las mismas preguntas que Mikhail empezaba a reconocerlas antes incluso de sacar sus notas. Había un orden allí, de eso estaba convencido. Lo difícil era averiguar qué clase de orden.

En Threshold habían agotado las pistas que conocían.

Solo quedaba un nombre.

Petar.

Así que fueron a buscarlo.

Petar


Lo encontraron en Rifllian.

Petar examinó la pieza sobre la mesa mientras Zan, Mikhail y Marika aguardaban. La giró hacia la luz, se detuvo en algunos signos y volvió sobre otros antes de dejarla de nuevo frente a ellos.

—No vais a sacar mucho más de esto mirándolo.

Mikhail frunció el ceño.

—Eso llevamos haciendo bastante tiempo.

—Precisamente.

Marika se inclinó sobre el ornamento.

—¿No reconocéis las marcas?

—Algunas cosas. O creo reconocerlas. Que es bastante peor.

Zan había aprendido pronto que con Petar convenía no precipitar las preguntas.

Lo dejó pensar.

Funcionó.

El hombre volvió a coger la pieza.

—El problema no es que estos signos carezcan de sentido. Es que tienen el suficiente como para equivocarse con mucha seguridad.

Mikhail pareció apreciar la distinción.

—Necesitamos una referencia.

Petar lo señaló con el ornamento.

—Necesitáis un libro.

Aquello era mejor que otra conjetura, aunque todavía no pareciese una solución.

Zan sonrió.

—Supongo que ahora viene la parte en que nos decís que conocéis uno.

Petar se echó hacia atrás.

—Conozco a quien lo tiene.

Y les habló de Seleran.

Un elfo Callarii, antiguo escribiente y tasador, retirado en los bosques de Radlebb. Coleccionaba libros, manuscritos y documentos antiguos, y Petar creía que entre ellos conservaba un volumen capaz de ayudarles a reconocer la estructura de aquellas marcas.

Zan consiguió que la explicación no terminara ahí.

Preguntó por Seleran antes que por el libro: cómo era, qué relación tenía con Petar, si recibía visitantes, qué despertaba su interés y qué podía hacerle cerrar la puerta.

Cuando terminaron, no solo tenían un nombre y un lugar.

Sabían también cómo presentarse cuando llegaran.

Petar los despidió con una última advertencia.

—Decidle que vais de mi parte.

Lucan, que hasta entonces había dejado hablar a los demás, levantó la vista.

—¿Eso ayudará?

Petar lo pensó.

—Hará que tarde un poco más en echaros.

—Me conformo.

Una buena pesca


Ilyana encontró también ocasión para sacar los aparejos.

No siempre coincidían un lugar adecuado, unas horas libres y peces dispuestos a colaborar. Hasta entonces, cuando lo habían hecho, la recompensa tampoco había sido gran cosa.

Esta vez regresó con una captura capaz de cambiar la comida de todos.

Lucan contempló los peces.

—Empiezo a creer que sabes hacer esto.

Ilyana siguió limpiando el primero.

—Era cuestión de tiempo.

—Eso dices ahora.

—Eso decía antes.

Ilyana tampoco necesitó presumir.

La expresión con la que terminó de preparar el último pez bastaba.

Algunas cosas se aprenden dos veces


Mikhail siguió trabajando.

No solo con el ornamento.

Marika le ayudó a ordenar notas y referencias mientras él regresaba a fórmulas rituales que conocía desde hacía tiempo. Algunas las había pronunciado tantas veces que las palabras acudían antes que su significado.

En un momento determinado dejó la pluma.

Repitió una fórmula en voz baja.

Después otra.

Marika levantó la vista.

—¿Qué has encontrado?

Mikhail tardó en responder.

—Creo que llevaba tiempo pronunciándola correctamente por las razones equivocadas.

Marika consideró aquello.

—Eso suena bastante propio de ti.

Él estuvo a punto de protestar.

Luego sonrió.

—También creo que ahora sé por qué funciona.

Marika volvió a sus papeles.

—Eso suena algo mejor.

Hacia Radlebb


Cuando llegó el momento de abandonar Rifllian, Seleran los esperaba unas ocho millas hacia el sudoeste.

O, al menos, allí estaba su casa.

Que Seleran los esperase era otra cuestión.

No había una carretera que condujera hasta su puerta. Las indicaciones de Petar terminaron convertidas en una trocha secundaria que se internaba entre los árboles.

A partir de ahí, Ilyana se puso al frente.

No hizo falta anunciarlo.

En la primera bifurcación dudosa, los demás se detuvieron detrás de ella.

Ilyana estudió ambos ramales. Miró el suelo, apartó unas hojas con la bota y siguió con los ojos la vegetación a ambos lados del paso.

—Este.

Alexander observó el otro.

—Parecen iguales.

—No.

Y echó a andar.

Alexander contempló un instante ambos caminos.

Marika pasó a su lado.

—Ahora ya sabes cuál es.

No volvieron a discutirle una bifurcación.

La trocha se estrechaba y ensanchaba sin demasiada lógica. A veces se dejaba seguir con facilidad; otras quedaba reducida a una sucesión de claros entre matorrales y raíces.

Cuando parecía desaparecer, Ilyana encontraba alguna huella de paso: tierra desnuda bajo las hojas, hierba vencida, una rama quebrada donde no debería estarlo.

Petar les había explicado hacia dónde ir.

Ilyana estaba convirtiendo aquello en cómo llegar.

La Compañía se interna por la trocha que conduce hacia el retiro de Seleran.

El final del verano seguía aferrado al bosque. La luz caía cálida entre las ramas y el suelo permanecía seco bajo las botas.

Lucan llevaba un rato caminando cerca de Ilyana.

—¿Cómo sabes que seguimos en la trocha?

Ella señaló el suelo sin detenerse.

—Porque está ahí.

Lucan miró.

—Gracias.

—De nada.

Avanzaron otra docena de pasos.

—No veo nada.

Ilyana suspiró.

—Precisamente por eso voy delante.

Lucan sonrió y dejó de preguntar.

Habían recorrido ya buena parte del camino cuando Ilyana levantó una mano.

Todos se detuvieron.

No había visto a nadie.

Pero algo delante no le gustaba.

Alexander llevó una mano a la empuñadura.

—¿Qué pasa?

Ilyana escuchó.

Nada.

Entonces una voz salió de los árboles.

—Hasta aquí.

Nadie apareció para acompañarla.

Alexander miró hacia la espesura. Zan hizo lo mismo al otro lado de la trocha. El bosque, que llevaba horas limitándose a ser bosque, había adquirido de pronto demasiados lugares donde esconder a un hombre.

La voz reclamó un peaje.

Siguió el nombre de algún señor local, pronunciado con una seguridad que no consiguió hacerlo más convincente.

Después vino una cantidad.

Zan arqueó una ceja.

—¿Y por qué camino decís que estamos pagando?

Hubo un silencio.

El virote respondió por ellos.

Pasó entre la Compañía y se perdió entre los árboles con un golpe seco.

Lucan miró el lugar donde había desaparecido.

—Negocian fuerte por aquí.

—A los árboles —dijo Zan.

No necesitaron una segunda invitación.

Alexander desenvainó. Marika buscó un tronco que les cubriera el costado. Mikhail retrocedió unos pasos. Ilyana levantó el escudo y trató de localizar el punto del que había partido el disparo.

Y entonces volvió el silencio.

No uno verdadero.

Hojas moviéndose. Insectos. Algún pájaro que todavía no había decidido marcharse. Seis personas intentando escuchar por encima de su propia respiración.

Pero de los cobradores del peaje, nada.

Solo el bosque.

Y la certeza de que estaba lleno de hombres.

Lucan vio primero una sombra que no debía moverse.

Entrecerró los ojos.

Algo bajo y ancho se separó de un tronco.

Un hombre.

No.

Un enano.

Estaba mucho más cerca de lo que debería.

Lucan levantó el arco.

—Zan.

Ella siguió su mirada.

El enano ya venía hacia ellos.

Lucan fue el primero en descubrir al primer enemigo. El enano ya estaba demasiado cerca.

El peaje entre los árboles

Zan disparó.

La flecha encontró al enano cuando acababa de abandonar la protección del árbol.

Dio un traspié, quiso todavía avanzar y cayó entre los helechos.

No volvió a levantarse.

Durante un instante pareció que el bosque iba a tragarse otra vez a sus compañeros.

Entonces salieron todos.

Uno irrumpió por la izquierda de la trocha. Otro apareció entre las rocas. Más atrás, una silueta se movió fugazmente entre las ramas.

El ballestero seguía allí.

Y delante de Alexander apareció un hombre con un arma en cada mano.

Alexander fue hacia él.

—¡Alexander! —alcanzó a decir Zan.

Demasiado tarde.

El choque de acero resonó entre los árboles.

Marika vio cómo se abría la distancia entre Alexander y el resto.

Y corrió tras él.

El salteador atacó con ambas armas. Alexander desvió una, esquivó la otra y respondió con una estocada que obligó al hombre a retroceder.

Quiso seguirlo.

—No —dijo Marika al llegar.

Alexander apenas pudo mirarla.

—¿No qué?

—No vas más lejos.

El hombre volvió sobre ellos.

Esta vez tuvo dos hojas delante.

Cuando se revolvía contra Alexander, Marika entraba. Cuando intentaba apartarla, Alexander recuperaba espacio.

El salteador empezó a comprender que ninguno de los dos pensaba concedérselo.


Cerca de la trocha las cosas iban peor.

Zan ya no tenía espacio para el arco. Dos hombres cerraban sobre ella y Lucan mientras otro trataba de ganarles el costado.

Lucan retrocedió con una flecha en la cuerda.

—Nos están rodeando.

Zan echó mano del arma.

—Ya lo veo.

No hubo réplica.

Eso preocupó a Zan casi tanto como los hombres que tenía delante.

La pelea se había roto en pedazos.

Alexander y Marika combatían más adelante. Zan y Lucan cedían terreno entre los árboles. Mikhail buscaba un hueco entre unos y otros.

Ilyana lo vio.

—¡Juntos! ¡No dejéis que nos separen!

Pero ya estaban separados.

Entonces apareció el hombre del bigote.

Hasta aquel momento había sido poco más que una voz entre los árboles. De cerca era ancho de hombros y se movía como alguien acostumbrado a que los demás cedieran primero.

Ilyana le cerró el paso.

El hombre miró su escudo.

—Apártate.

Ilyana afirmó los pies.

—No.

El primer golpe chocó contra el escudo y la obligó a retroceder.

Ella respondió con la espada.

El bigotudo se apartó y volvió inmediatamente.

Otro golpe.

Esta vez Ilyana aguantó.

Su espada buscó el costado del hombre y casi lo encontró.

Él cambió entonces el ritmo.

Amagó arriba.

Ilyana levantó el escudo.

El verdadero ataque llegó desde el otro lado.

La alcanzó.

Mikhail gritó su nombre.

Ilyana intentó recomponerse, pero el hombre no le dio tiempo.

El siguiente golpe la derribó.

Reconstrucción ilustrada de la caída de Ilyana durante la emboscada.

El escudo quedó a un lado.

Ilyana, entre las hojas.

Durante un latido nadie pareció comprenderlo.

Después Zan gritó:

—¡Ilyana!

Mikhail corrió hacia ella.

Y algo cambió.

La sorpresa se había terminado.

Ya sabían dónde estaban los hombres que los atacaban.

Ya sabían lo que ocurriría si seguían permitiendo que los separasen.

Y uno de los suyos estaba en el suelo.

Zan dejó de buscar enemigos invisibles.

Lucan dejó de retroceder.

Alexander trató de volver hacia los demás.

Marika siguió junto a él.

El hombre de las dos armas atacó de nuevo y obligó a Alexander a ceder.

Marika entró.

El golpe no fue limpio.

Pero fue bueno.

El hombre se dobló y soltó una maldición.

Marika salió de su alcance antes de que pudiera responder.

—Ese lo has notado.

Alexander apenas apartó los ojos del enemigo.

—Mucho.

—No era para ti.

La ventaja de los salteadores empezó a desaparecer.

Mikhail llegó hasta Ilyana y cayó de rodillas junto a ella.

—Ilyana.

No obtuvo respuesta.

Le buscó la respiración.

Entonces ella aspiró de golpe y abrió los ojos.

Mikhail cerró los suyos un instante.

—No hagas eso.

Ilyana tardó un poco en enfocarlo.

—¿El qué?

—Eso.

Intentó incorporarse.

El dolor decidió por ella.

—Luego —dijo Mikhail.

Esta vez no discutió.

El último hombre


Cuando Alexander pudo volver a mirar alrededor, solo uno de sus adversarios seguía dispuesto a enfrentarse a ellos.

Era el hombre al que Marika había herido.

Respiraba con dificultad. Una de sus armas colgaba más baja que la otra.

Alexander avanzó.

Marika se colocó junto a él.

El hombre miró a uno.

Después a la otra.

—Dos contra uno.

Marika ladeó la cabeza.

—Érais seis.

Atacó.

Alexander apartó la primera hoja.

La segunda llegó demasiado rápido.

Marika obligó al hombre a desviarla.

Un instante.

Alexander no necesitó más.

Entró por el hueco.

La estocada fue limpia.

El salteador quedó inmóvil frente a él.

Después cayó.

Marika había abierto el hueco. Alexander no necesitó más.

Alexander permaneció unos segundos con la espada baja.

Marika seguía a su lado.

Él miró al hombre caído y después la herida que ella le había abierto antes.

—Creo que ese era tuyo.

—No seas generoso ahora.

—Has dicho que lo había notado.

—Lo ha notado.

Marika volvió la cabeza hacia Ilyana.

—Vamos.

Y fue ella quien echó a andar primero.

Después del peaje

Ilyana estaba sentada cuando llegaron hasta ella.

Eso bastó.

Zan se agachó frente a ella.

—¿Puedes levantarte?

Ilyana miró su escudo, caído a unos pasos, y después al bigotudo tendido entre los árboles.

—Sí.

Hizo una pausa.

—La pregunta es si quiero.

Lucan se acercó.

—Podemos quedarnos aquí. El sitio tiene encanto.

Ilyana lo miró.

—Ayúdame.

Lucan le ofreció la mano sin añadir nada.

Entre él y Mikhail consiguieron ponerla en pie.

La pelea había durado apenas unos minutos.

El lugar parecía otro.

Había armas entre las hojas. Sangre sobre la trocha. La flecha de Zan sobresalía cerca de donde había caído el enano.

Más allá, el virote de advertencia seguía clavado donde había terminado antes de que todo empezase.

Zan lo contempló.

—Menudo peaje.

Nadie respondió.

Registraron lo que los hombres habían dejado atrás.

No encontraron órdenes.

Ni documentos.

Ni sello alguno que demostrase que aquel supuesto señor tuviera derecho sobre el camino.

Sí había monedas.

También dos armas en un estado lamentable.

Marika levantó una y estudió el filo.

—Esta necesita algo más que una piedra de afilar.

Mikhail cogió la otra.

—Nos las llevamos.

Entre las pertenencias apareció también un pequeño envoltorio pesado.

Zan desató la tela.

Dentro había unos pequeños lingotes de metal precioso.

Los volvió a envolver.

Del señor en cuyo nombre habían intentado cobrarles no encontraron nada.

Ni siquiera un nombre en el que confiar.

Zan miró por última vez hacia los árboles.

—Recoged lo que podamos llevar.

Alexander limpió la espada antes de guardarla.

—¿Y ellos?

Zan miró los cuerpos.

—Ellos se quedan con su peaje.

Todavía tenían que encontrar a Seleran.

Las últimas millas

Volver a ponerse en marcha costó más que decidir hacerlo.

Ilyana insistió en recuperar su lugar delante.

Esta vez nadie comentó la velocidad.

En una bifurcación se detuvo bastante tiempo.

Alexander observó los dos ramales.

—¿Lo tienes?

—Estoy pensando.

Eso bastó.

Ilyana encontró una marca casi borrada en un tronco. Más adelante apareció otra.

—Por aquí.

Marika se acercó a la primera.

—Petar no mencionó ninguna marca.

—Probablemente no la vio.

—¿Callarii?

Ilyana negó con la cabeza.

—Podría ser. O de leñadores. O de alguien que necesitaba recordar dónde girar.

Lucan contempló la corteza.

—Muy tranquilizador.

Ilyana echó a andar.

—No necesitas saber quién hizo una marca para saber que alguien pasó por aquí.

Después de aquella tarde, nadie volvió a considerar insignificante una señal en un árbol.

La casa apareció cuando la luz empezaba a perder fuerza.

No era grande ni especialmente llamativa. Un pequeño claro, madera oscurecida por los años, ventanas estrechas y la sensación de que quien vivía allí había escogido cuidadosamente la distancia que quería mantener con el resto del mundo.

Ilyana se detuvo.

—Tiene que ser aquí.

Zan miró al grupo.

Polvo. Sangre seca. Ropa castigada por las ramas. Seis desconocidos armados llegando al final de la tarde.

No era exactamente una carta de presentación.

Se quitó el arco y se lo tendió a Lucan.

—Esperad aquí.

Seleran


El elfo que apareció ante ella no tenía aspecto de llevar años aguardando aquella visita.

—¿Sí?

—¿Seleran?

—Depende.

No había miedo en la respuesta.

Tampoco invitación.

Zan sonrió apenas.

—Entonces espero que dependa de Petar.

El nombre produjo un cambio pequeño.

Pero suficiente.

—¿Petar os ha enviado?

—Nos dio vuestro nombre y nos explicó cómo encontraros. Estamos estudiando una pieza antigua. Llegó hasta donde podía ayudarnos y pensó que quizá vos conservarais un libro que necesitamos consultar.

Seleran miró al resto de la Compañía.

Su atención se detuvo un instante más en Ilyana.

—Petar tiene demasiada confianza en mis estanterías.

Zan recordó lo que él mismo les había contado.

—No habló de vuestras estanterías. Habló de vuestra memoria.

El elfo volvió a mirarla.

Esta vez con algo más de interés.

—Eso suena más a Petar.

Zan sacó el ornamento.

No se lo tendió.

—También dijo que no viniéramos a exigir nada.

Seleran bajó los ojos hacia la pieza.

Y durante unos segundos los seis dejaron de ser el problema más interesante de la puerta.

—Acercaos.

Zan supo que ya habían pasado la parte difícil.

No porque Seleran confiase en ellos.

Porque ahora quería saber.

El libro de los signos


Dentro había libros en casi todas partes.

Estantes, cajas, carpetas atadas con cordel, tubos de mapas, volúmenes protegidos con telas. Algunos lomos habían envejecido mejor que otros; algunos parecían mantenerse enteros por pura obstinación.

Marika tardó muy poco en comprender que aquello no estaba desordenado.

Había pequeñas marcas en ciertos lomos. Números junto a algunas cajas. Tablillas que separaban grupos de libros que no parecían guardar relación entre sí.

Se detuvo.

—No los clasificáis solo por tema.

Seleran se volvió.

—No.

Marika señaló dos referencias.

—Estos dos remiten al mismo sitio.

El elfo se acercó.

—A la misma colección documental.

—Pero están en estantes distintos.

—Porque tratan asuntos distintos.

Marika siguió la secuencia de marcas con la vista.

—Entonces, si buscamos un sistema de signos, quizá el libro no esté donde esperaríamos encontrarlo.

Seleran la estudió un instante.

—Exactamente.

No añadió ningún elogio.

No hacía falta.

Mikhail ya se había aproximado a los estantes.

—¿Dónde estaría?

Marika señaló a Seleran.

—Eso tendrás que preguntárselo a él.

El elfo sonrió.

—Empezáis a caerme mejor.

Regresó poco después con un volumen ancho, de cubierta gastada.

Lo abrió sobre la mesa.

El ornamento quedó a su lado.

Y durante un buen rato todo se redujo a páginas y marcas.

Mikhail copiaba.

Comparaba.

Volvía atrás.

Seleran buscaba referencias en otros volúmenes.

Marika seguía más la disposición de las marcas que las explicaciones.

Zan escuchaba.

Alexander había acabado cerca de una ventana.

Ilyana, por fin sentada sin tener que justificarlo, descansaba junto a la pared.

Lucan encontró entretanto un pequeño volumen de romances antiguos.

Lo abrió por la mitad.

Leyó unos versos.

Retrocedió varias páginas.

Seleran reparó en él.

—Esa versión es mala.

Lucan no levantó la vista.

—Es distinta.

—Eso no la hace buena.

—No. Pero explica de dónde sale una estrofa que conozco.

Seleran pareció reconsiderar la cuestión.

—¿Cantáis?

Lucan mantuvo un dedo entre las páginas.

—Cuando consigo que me dejen.

Marika soltó una risa desde la mesa.

—Ese no es el problema.

Lucan la miró.

—Traición.

Y volvió al libro.

En la mesa, Mikhail llevaba demasiado tiempo atrapado en la misma comparación.

—No puede ser.

Marika acercó el ornamento.

—¿Qué no puede ser?

—Estos dos signos deberían corresponderse.

—¿Por qué?

Mikhail señaló primero una reproducción del libro y luego la pieza.

—La forma básica es la misma.

Marika no respondió enseguida.

Giró el ornamento.

Después otra vez.

—¿Y si estás cortando donde no debes?

Mikhail levantó la cabeza.

—¿Qué?

Marika señaló una sola marca.

—Estás mirando esto.

Movió el dedo.

Ahora abarcaba tres.

—Mira esto.

Giró la pieza unos dedos.

Había otro grupo.

No era idéntico.

Pero se parecía lo suficiente.

Mikhail cogió el libro.

Pasó dos páginas.

Tres.

Volvió atrás.

—Seleran.

El elfo se acercó.

Mikhail señaló una ilustración.

Luego el ornamento.

Seleran inclinó la cabeza.

—Ah.

Zan se inclinó sobre la mesa.

—Ese «ah» parece mejor que los anteriores.

Mikhail apenas la oyó.

—Hemos estado separando las marcas.

—Porque las estabais leyendo como signos independientes —dijo Seleran.

—Y no lo son.

—No siempre.

Mikhail encontró otra referencia.

—La posición modifica el sentido.

Ahora fue Zan quien miró de nuevo el ornamento.

—Aquí vuelve a aparecer.

Marika encontró otro grupo unos dedos más allá.

Tres.

Parecidos.

No iguales.

Construidos sobre el mismo patrón.

Alexander abandonó la ventana.

—¿Sabemos qué significan?

Mikhail miró primero el libro.

Después la pieza.

—No.

Alexander exhaló lentamente.

Mikhail levantó una mano.

—Pero ahora sabemos qué tenemos que comparar.

Eso sí era nuevo.

Marika volvió a estudiar los tres grupos.

—Hay cosas que se mantienen.

Señaló dos marcas.

—Y otras que cambian.

Mikhail siguió su dedo.

—Sí.

—Entonces quizá no tengamos que entenderlo todo de una vez.

Seleran miró a Marika.

—Eso también lo anotaría.

Mikhail ya lo estaba haciendo.

Marika se recostó en la silla.

—Ahora sí.

Él siguió escribiendo.

—¿Ahora sí qué?

—Puedes darme las gracias.

Mikhail tardó dos segundos más.

—Gracias.

Marika sonrió.

No habían descubierto quién había grabado el ornamento.

Ni para qué.

Ni qué significaban aquellos grupos.

Pero por primera vez el misterio había dejado una huella que podían seguir.

Hasta entonces tenían una superficie llena de signos.

Ahora tenían un patrón.

Lo que se cuenta en los caminos


Fue Ilyana quien devolvió la conversación al bosque.

Al recoger el escudo, Seleran reparó en su estado.

—Petar no vive tan lejos.

Ilyana ajustó la correa.

—Petar no ha sido el problema.

Seleran miró a Zan.

Ella le contó lo ocurrido.

No hizo de aquello una gran historia. Una voz desde los árboles. Un supuesto peaje. El nombre poco claro de algún señor. Un virote cuando hicieron demasiadas preguntas.

Y seis hombres esperando entre la vegetación.

Seleran dejó los papeles que estaba ordenando.

—¿Dónde?

Zan describió el lugar.

El elfo permaneció unos instantes en silencio.

—No sois los primeros.

Alexander levantó la cabeza.

—¿Han atacado a más viajeros?

—No he dicho eso.

Zan entendió la diferencia.

—Habéis oído hablar de peajes.

Seleran asintió.

—Desde hace una semana. Quizá algo más. Al sur y al oeste de Rifllian.

—¿Siempre igual? —preguntó Marika.

—Precisamente no.

Unos hablaban de derechos de paso. Otros, de tierras privadas. Otros aseguraban que cierto camino pertenecía a algún señor.

—¿El mismo señor?

Seleran sonrió sin alegría.

—Eso sería mucho más cómodo.

—¿Y los nombres? —preguntó Mikhail.

—Hay demasiados.

Marika apoyó los brazos sobre la mesa.

—Entonces sabemos que hay historias sobre gente cobrando por pasar. No sabemos que sean siempre los mismos.

Seleran la miró.

—Exactamente.

Zan no hizo la siguiente pregunta.

Esperó.

Ya había aprendido que Seleran distinguía con cuidado entre lo que sabía, lo que recordaba y lo que simplemente parecía probable.

El elfo terminó mirando hacia uno de los armarios.

—Hay otra cosa.

Mikhail dejó la pluma.

—Hace unas dos semanas alguien empezó a interesarse por documentos antiguos de estos bosques. Lindes, concesiones, derechos de paso.

Marika levantó la vista.

—¿Vino a pediros verlos?

—No.

Aquello pareció interesarle todavía más.

—Entonces ¿cómo lo sabéis?

—Porque no preguntó por los documentos. Preguntó por mí. Por los archivos que había conservado. Por mi trabajo como tasador. Por si todavía tenía copias de ciertas escrituras.

Marika miró las cajas que los rodeaban.

—Quería saber si las teníais antes de decidir si convenía que supierais que las buscaba.

Seleran sostuvo su mirada.

—Esa fue también mi impresión.

Alexander se acercó a la mesa.

—Peajes. Derechos de paso. Alguien buscando documentos sobre esos mismos derechos...

La conclusión estaba ahí.

Apenas necesitaba decirla.

Alexander se detuvo.

—Podría ser casualidad.

—Podría —dijo Seleran.

Ilyana seguía de pie.

—¿Hay algo más?

El elfo se volvió hacia ella.

—¿Por qué lo preguntáis?

—Porque todavía tenéis cara de estar pensando.

Seleran sonrió.

—Vos también prestáis demasiada atención.

—Es mi trabajo.

Eso pareció bastarle.

—Algunos Callarii que recorren senderos hacia el oeste han encontrado señales alteradas.

Ilyana dejó de ajustar el escudo.

—¿Alteradas cómo?

—Marcas borradas. Otras cambiadas de sitio. Indicaciones que ya no conducían adonde debían.

—¿En senderos conocidos?

—Para ellos, sí.

Ilyana frunció el ceño.

—Una trocha puede cerrarse. Puede abrirse otra. Un árbol cae y obliga a rodear.

Miró hacia la puerta.

—Pero las señales no deciden mudarse solas.

Ahora tenían tres historias delante.

Hombres cobrando derechos dudosos.

Alguien interesado en documentos que podían hablar de esos derechos.

Señales manipuladas en caminos apartados.

Era difícil no unirlas.

Zan lo vio en las caras.

—No.

Mikhail levantó la mirada.

—No he dicho nada.

—Todavía.

Marika sonrió apenas.

—Todos lo estábamos pensando.

Zan miró a Seleran.

—¿Vos también?

El elfo tardó en responder.

—Creo que tres cosas pueden parecer una historia mucho antes de convertirse en una.

Nadie discutió.

Tal vez las señales tuvieran una explicación sencilla.

Tal vez quien buscaba las escrituras tuviera una disputa legítima.

Tal vez los hombres del peaje no supieran nada de los otros dos asuntos.

—O puede que no —dijo Alexander.

—También.

Eso era todo.

No habían encontrado una conspiración.

Habían encontrado preguntas.

Y después del día que llevaban, nadie debería haber confundido una cosa con la otra.

Alrededor del fuego


Cenaron fuera.

La noche había enfriado el bosque.

Ilyana comía despacio, con el escudo y la espada al alcance de la mano. Mikhail había llevado sus notas hasta el fuego y continuaba consultándolas entre cucharada y cucharada.

Una ráfaga levantó una de las hojas.

Marika la atrapó antes de que alcanzase las llamas.

—Si quemas esa, no pienso ayudarte a reconstruirla.

Mikhail recuperó el papel.

—La tenía controlada.

Marika miró las brasas.

—Naturalmente.

Lucan tenía el laúd sobre las rodillas, aunque todavía no había tocado una sola nota.

Zan llevaba un rato observando a Alexander.

Él acabó por dejar el cuenco.

—¿Qué?

—Nada.

—Zan.

—Estoy esperando.

—¿A qué?

—A que digas eso que llevas media cena pensando.

Alexander miró el fuego.

Lucan pareció dispuesto a intervenir.

No lo hizo.

—Me precipité.

Nadie preguntó cuándo.

Marika fue la primera en responder.

—Sí.

Alexander la miró.

—Podrías fingir que me ha costado admitirlo.

—¿Para qué?

Él sonrió apenas.

Después bajó la vista hacia las llamas.

—No debería haberme alejado tanto.

—Yo fui detrás.

—Precisamente.

Marika dejó el cuenco.

—No.

Alexander frunció el ceño.

—Te obligué a exponerte.

—No me obligaste a nada.

—Si yo no hubiera...

—Alexander.

Lo hizo callar.

—Decidí seguirte. Decidí quedarme. Y cuando tuve ocasión de herir a aquel hombre, también decidí hacerlo.

Se inclinó un poco hacia él.

—No conviertas mi parte de la pelea en otro error tuyo.

Alexander sostuvo su mirada.

Esta vez tardó en responder.

—Tienes razón.

Marika recogió el cuenco.

—Eso está mejor.

Ilyana habló desde el otro lado del fuego.

—Además, tu carga no fue lo peor.

Alexander levantó la cabeza con una esperanza que duró muy poco.

—Gracias.

—He dicho que no fue lo peor.

Ilyana señaló vagamente el espacio entre ellos.

—Nos separaron.

Zan asintió.

—Alexander y Marika por un lado. Luka y yo por otro. Mikhail intentando llegar donde hacía falta. Tú con el bigotudo.

Ilyana se llevó una mano al costado.

—Hasta que dejé de estar con nadie.

Nadie sonrió.

Ilyana sí.

—Estoy sentada aquí. Podéis dejar de mirarme así.

Mikhail dobló cuidadosamente una de sus hojas.

—Durante unos segundos no sabía a quién ayudar primero.

Eso terminó con las bromas.

Zan miró el fuego.

—Ahí estuvo el problema. Cada uno estaba librando su propia pelea.

Alexander tardó un instante en responder.

—Y ellos estaban librando una sola.

La frase quedó entre los seis.

Lucan hizo girar una púa entre los dedos.

—Yo vi al enano demasiado tarde.

Zan se volvió hacia él.

—Lo viste antes que nosotros.

—Seguía estando encima.

—La próxima vez no esperes.

Lucan levantó la mirada.

—¿Aunque no esté seguro?

—Especialmente entonces. Si algo te parece mal, dilo. Ya decidiremos después si tenías razón.

Lucan asintió.

No hubo ninguna ocurrencia después.

Alexander reparó en ello.

También recordó a Luka retrocediendo entre los árboles sin salir corriendo. Al primero que había visto. La mano tendida a Ilyana cuando tocó levantarse.

Después miró a Marika.

La muchacha que había corrido detrás de él no había pasado el combate protegida a su espalda.

Y unas horas después, entre los libros de Seleran, había sido ella quien había visto algo que Mikhail no estaba viendo.

Alexander había sido educado para distinguir muy pronto quién ocupaba qué lugar.

Quizá por eso le molestó tardar tanto en comprender que algunos lugares habían cambiado.

Mikhail volvió a extender una hoja.

Marika lo vio.

—No.

—Solo quiero enseñaros una cosa.

—Eso dices siempre.

Mikhail dibujó tres pequeños grupos de signos.

—Mirad.

Acabaron mirando.

Incluso Marika.

Señaló las partes que se repetían y las pequeñas variaciones que habían descubierto aquella tarde.

Alexander estudió los dibujos.

—¿Seguimos sin saber qué dice?

—Sí.

—Magnífico.

Lucan sonrió.

—Cuidado. Esa debería haber sido mía.

Alexander alzó la vista.

—Tendrás que ser más rápido.

Esta vez rieron todos.

Ilyana también, hasta que el costado le recordó que debía hacerlo con más prudencia.

La conversación fue apagándose con el fuego.

Mikhail guardó por fin las notas.

Lucan dejó sonar unas notas suaves del laúd, más para acompañar el silencio que para romperlo.

Ilyana tenía ya los ojos medio cerrados.

Marika se había sentado cerca de Zan.

Alexander siguió despierto.

Durante años había imaginado las historias de aventuras de una forma bastante sencilla.

Alguien daba un paso al frente.

Los demás lo seguían.

Aquella tarde había dado ese paso.

Y casi había conseguido que los mataran por partes.

Miró el círculo alrededor del fuego.

Zan no necesitaba seguirlo.

Ilyana tampoco.

Mikhail recorría caminos que Alexander apenas comprendía.

Marika había dejado bastante claro lo que pensaba de quedarse atrás.

Y Luka...

Alexander observó al músico mientras afinaba una cuerda.

Luka había dejado de parecerle alguien que simplemente viajaba con ellos.

Quizá hacía tiempo que había dejado de serlo.

Alexander cogió una rama y la empujó hacia el centro de las brasas.

—La próxima vez.

Zan abrió un ojo.

—¿Sí?

Alexander miró a los cinco.

—La próxima vez, ninguno pelea solo.

Marika apoyó el mentón sobre las rodillas.

—Eso incluye esperarnos.

Alexander sonrió.

—Estoy trabajando en ello.

Lucan pulsó una cuerda.

—Lentamente.

—No abuses del momento, Luka.

El acorde siguiente sonó sospechosamente alegre.

Y por aquella noche fue suficiente.

Principios de otoño


Los días siguientes pasaron sin otro sobresalto comparable.

El último calor del verano fue desapareciendo entre los árboles.

El libro de Seleran seguía abierto para ellos.

El ornamento continuaba guardando la mayor parte de su secreto.

Las preguntas sobre los hombres del peaje tampoco habían encontrado respuesta.

Pero algunas cosas sí habían cambiado.

Donde antes solo veían signos, ahora podían reconocer una estructura.

Sabían también que algo extraño estaba ocurriendo en los caminos de Radlebb, aunque todavía fuese demasiado pronto para darle un solo nombre.

Y habían aprendido algo acerca de sí mismos que no estaba escrito en ningún libro.

Cuando cayó la noche del 4 de Ambyrmont, seguían acampados junto al retiro de Seleran.

El otoño acababa de comenzar en Karameikos.

Sobre una manta descansaba el ornamento.

Más allá del fuego empezaba el bosque.

Y alrededor de la linterna había seis.


sábado, 15 de agosto de 2026

5LFB — Karameikos #002 — Los márgenes del mapa

La Compañía de la Linterna dejó atrás Kelvin en la mañana del 13 de Fyrmont.

No había mucho que la retuviese allí. Habían terminado el asunto de la vieja posta, conservaban todas las extremidades que habían llevado consigo y, cosa menos habitual de lo que podía parecer, todavía disponían de algo de dinero. Threshold quedaba al norte, al otro extremo de varios días de camino, y ofrecía precisamente aquello que ahora necesitaban: una ciudad suficientemente grande como para encontrar trabajo y suficientemente próxima a la frontera como para que ese trabajo no escasease.

La carretera resultó más larga que peligrosa.

Pasaron por Rifllian y continuaron hacia Verge, siguiendo caminos que atravesaban una tierra cada vez menos domesticada. Allí conocieron a Petar, un erudito itinerante que parecía dedicar su vida a tomar notas sobre caminos viejos, límites olvidados y aldeas que probablemente ya figuraban en media docena de mapas. Era sociable, cortés y poseía esa clase particular de curiosidad que lleva a una persona a detenerse delante de un mojón durante diez minutos mientras sus compañeros de viaje se preguntan si ha perdido algo.

No les proporcionó ninguna revelación extraordinaria.

Al menos, no entonces.

La Compañía continuó hacia el norte.

El último tramo los condujo junto a los Picos Negros y, finalmente, el 16 de Fyrmont, a media tarde, aparecieron ante ellos las primeras casas de Threshold.

Era una ciudad fronteriza en todos los sentidos posibles. Grande para aquellos caminos, pequeña para quienes hubieran conocido las ciudades del sur; suficientemente ordenada para tener leyes estrictas y suficientemente turbulenta para necesitarlas. En la entrada tuvieron que entregar los arcos a la guardia, y allí Zandra recibió la primera prueba de que sus años anteriores en la ciudad no habían desaparecido del todo.

El sargento Arthol todavía la recordaba.

No eran viejos amigos, pero en una ciudad como Threshold ser reconocido por un guardia sin que éste quisiera detenerte ya constituía una forma bastante aceptable de bienvenida.

La Compañía terminó instalándose en la Taberna del Garfio y el Hacha.

Y comenzó a buscarse la vida.


Los primeros días en Threshold tuvieron menos de aventura que de supervivencia.

Había que pagar comida, alojamiento y todas esas pequeñas cosas que los bardos suelen omitir cuando cantan acerca de héroes errantes. Zandra ofreció los servicios de la Compañía a la guardia. Ilyana descubrió rápidamente que el río ofrecía posibilidades más interesantes que las calles. Alexander encontró oportunidades para entrenar. Marika y Lucan se movieron entre mercados, tabernas y conversaciones.

Y aparecieron los primeros encargos.

Las autoridades de Threshold estaban preocupadas por una figura de piedra que caminaba por los alrededores, destrozando cobertizos y matando ganado. Nadie parecía tener una explicación convincente de cómo una estatua había adquirido la costumbre de pasearse por el campo, pero cuatro Reales parecían una explicación bastante convincente para que alguien fuese a comprobarlo.

La Compañía aceptó el encargo.

Lo llamaron El Caminante de Piedra.

Poco después llegó otro.

Un sacerdote de la Iglesia de Karameikos necesitaba completar ciertos datos cartográficos de la región. Quería que alguien localizase un lugar todavía ausente de sus mapas, llegase hasta Tres Caminos y regresase después con las anotaciones.

No sonaba particularmente heroico.

Precisamente por eso resultaba atractivo.

El contrato recibió el nombre de Los márgenes del mapa.

Mientras tanto, Mikhail había conseguido de manos de otro erudito una pequeña pieza ornamental, ennegrecida y cubierta de grabados. No sabía aún qué era ni por qué aquellas marcas parecían merecer atención, pero empezó a estudiarla en sus ratos libres.

La investigación terminó conduciéndolo, curiosamente, de nuevo hacia uno de los primeros hombres que habían conocido en el camino. Petar, el estudioso itinerante encontrado en Verge, parecía exactamente la clase de persona capaz de reconocer aquellas marcas o, al menos, de saber dónde buscar respuestas. La última noticia que tenían de él era que había abandonado Verge en dirección a Rifllian.

Encontrarlo se convirtió así en una pista pendiente. No una urgencia todavía, pero sí uno de esos cabos sueltos que empiezan a acumularse cuando una compañía lleva suficiente tiempo recorriendo los caminos.

La Compañía también patrulló los alrededores de Threshold. Encontraron a un peregrino traladarano, escucharon historias, recorrieron caminos y regresaron sin tener que desenvainar las armas.

Durante algunos días, aquello pareció casi una profesión respetable.

No duraría.


Una caravana ofreció después pagarles por escoltarla hasta Verge.

Zandra la rechazó.

Había mapas que completar.

La Compañía abandonó Threshold y se dirigió hacia las tierras situadas al este de Tres Caminos. El recorrido los apartó progresivamente de los senderos más transitados y los condujo hacia una zona de colinas donde acabaron encontrando aquello que buscaban: una vieja cantera, o al menos un lugar donde la piedra había sido trabajada y extraída durante tiempo suficiente como para merecer figurar en un mapa.

Marika tomó notas.

Zandra comprobó referencias.

Luka probablemente dio alguna opinión que nadie había solicitado.

Y el sacerdote de Threshold tendría finalmente algo nuevo que dibujar en sus pergaminos.

La Compañía pasó allí la noche.

Fue entonces cuando escucharon la música.

Llegaba desde algún punto imposible de precisar, más allá de las colinas y bajo un cielo despejado. Era tenue, distante y demasiado hermosa para pertenecer a una taberna.

Ilyana la escuchó durante más tiempo que los demás.

Nadie supo explicar por qué.

A la mañana siguiente salió a cazar y regresó no solo con alimento, sino con la noticia de que había visto señales de otro lugar desconocido en aquellos parajes.

Karameikos parecía empeñado en demostrarles que un mapa nunca estaba terminado.


Desde la cantera continuaron hasta Tres Caminos.

La pequeña villa crecía alrededor de su función: camino, guarnición, viajeros, comerciantes y gente que vivía de todos ellos. La Compañía aprovechó la estancia para comprar un buen equipo de campamento y descansar bajo techo.

Allí también escucharon una noticia curiosa.

Alguien importante estaba buscando aventureros y había dispuesto un lugar de reunión en las colinas situadas al este. La convocatoria no permanecería abierta mucho tiempo.

Zandra tomó nota.

No podían perseguir todas las oportunidades que aparecían.

Ese empezaba a ser el problema.

A la mañana siguiente apareció otra caravana. Esta vez se dirigía hacia el Solar de Aurelian.

También fue rechazada.

La Compañía tenía todavía asuntos pendientes.

Zandra volvió a ofrecer ayuda a la guarnición para cubrir los gastos de la estancia, mientras Ilyana aprovechaba la proximidad del agua para pescar.

Encontró un sitio excelente.

Eso fue lo mejor que puede decirse de la jornada.

Perdió un pez cuando se rompió el sedal. Capturó otro bastante pequeño. Devolvió un tercero al agua y, cuando un cuarto pareció ofrecer finalmente una presa digna de aquella tarde, terminó dentro del río.

Regresó a Tres Caminos mojada y cargando un solo pez.

Luka la vio acercarse.

—No.

—¿No qué?

—Nada. Absolutamente nada.

Fue una sabia decisión.

Alexander empleó su tiempo de forma algo más digna entrenando con los soldados del puesto. Los golpes recibidos parecen haberle hecho bien: salió de Tres Caminos más seguro de sí mismo y bastante más difícil de intimidar.

También encontraron allí una de esas promesas que circulan entre quienes viven de matar cosas peligrosas: habría recompensa para una compañía capaz de abatir a cinco cabecillas enemigos.

Lucan leyó el aviso.

—¿Cinco?

—Cinco —confirmó Marika.

—¿Y tienen que ser jefes?

—Eso pone.

Alexander se encogió de hombros.

—Entonces habrá que procurar que nuestros enemigos asciendan deprisa.

La Compañía conservó la noticia.

Algún día podría valer una fortuna.


Pero primero había que regresar a Threshold.

Salieron de Tres Caminos el 21 de Fyrmont.

A mitad del trayecto encontraron a un hombre sentado sobre un mojón y rodeado de papeles.

No parecía herido.

Tampoco parecía perdido.

Esto último era discutible.

—¡Ah! Precisamente ustedes —dijo al ver acercarse a la Compañía.

Zandra se detuvo.

—¿Nos conoce?

El hombre abrió la boca.

La cerró.

—No.

Luka siguió caminando.

—Un comienzo prometedor.

El desconocido resultó ser otro erudito itinerante. Estaba absolutamente convencido de haber escrito algo muy importante sobre aquellos caminos y absolutamente incapaz de recordar qué era.

Durante un buen rato extendió papeles sobre una roca: notas sobre lindes, precios del grano, fragmentos de cartas y un dibujo extraordinariamente detallado de una rueda rota.

Alexander examinó este último.

—Tiene seis radios.

—Exactamente —respondió el erudito.

—Como muchas ruedas.

La observación pareció ofenderle.

Pese a todo, entre sus divagaciones había información útil. Viejos mojones. Desvíos poco empleados. Errores repetidos en mapas que habían sido copiados de otros mapas.

Cuando finalmente se separaron, la Compañía había aprendido bastante más de lo que esperaba.

Unos cincuenta pasos después escucharon al hombre gritar:

—¡Ya recuerdo dónde puse la página importante!

Todos se volvieron.

El erudito palpó su jubón.

—No. Esa es otra.

Luka levantó una mano.

—Que los inmortales le concedan bolsillos numerados.


Threshold apareció ante ellos poco antes del anochecer.

Entregaron otra vez los arcos en la puerta y fueron directamente a buscar al sacerdote que los había enviado.

Zandra extendió los mapas sobre la mesa.

La cantera.

Tres Caminos.

El camino de regreso.

El sacerdote revisó cuidadosamente las anotaciones, hizo algunas preguntas y volvió finalmente a enrollar los pergaminos.

—Entonces está hecho.

Las monedas que dejó sobre la mesa produjeron un sonido mucho más agradable que el de una pluma escribiendo sobre papel.

Los márgenes del mapa había terminado.

Habían salido de Threshold con unas pocas indicaciones y regresaban con una parte de Karameikos algo menos desconocida.

Eso era algo.

Antes de terminar el día, Zandra gastó buena parte de la recompensa en una armadura parcial. Su vieja armadura ligera pasó a Lucan, que contempló el regalo con la expresión de un hombre que sabe perfectamente que recibir protección adicional también significa que alguien espera que se acerque más al peligro.

La Compañía volvió a instalarse en Threshold.

Habían recorrido caminos, encontrado una cantera, conocido viajeros, trabajado para dos guardias distintas, pescado de forma cuestionable y cobrado su primer contrato importante.

Y aún quedaban demasiados asuntos abiertos.

Una criatura de piedra seguía caminando por los alrededores.

La misteriosa convocatoria de las colinas continuaría abierta un día más.

Mikhail seguía sin comprender los grabados de su ornamento, pero ya tenía un nombre al que seguir: Petar. El erudito de Verge podía saber algo sobre la pieza y, según las últimas noticias, había partido hacia Rifllian.

En algún lugar de aquellos caminos estaba una posible respuesta.

Y no muy lejos de Threshold, una vieja atalaya esperaba a quienes quisieran averiguar por qué volvía a hablarse de ella.

La Compañía de la Linterna había empezado intentando encontrar un sitio en el mapa.

Ahora empezaba a descubrir cuántos lugares del mapa estaban esperando encontrarla a ella.


Apunte de campaña para el final de la entrada

Periodo: 13–21 de Fyrmont de 1000 AC.
Turnos: 1–5.

Distancia estratégica registrada: 128 millas, más la patrulla local realizada en los alrededores de Threshold.

Contrato completado: Los márgenes del mapa.
Contrato activo: El Caminante de Piedra.
Recompensa por objetivos: Cinco cabecillas — 0/5.
Investigación: El ornamento grabado — investigación en curso; Petar, el erudito itinerante conocido en Verge, es la única pista localizada hasta ahora.

Lugares descubiertos: una cantera al este de Tres Caminos y otra localización todavía sin explorar en la misma región.

La Compañía termina el bloque en Threshold, la noche del 21 de Fyrmont.

 

Enlace a la ficha de la banda 

domingo, 9 de agosto de 2026

5LFB — Karameikos — La Compañía de la Linterna

Esta será la entrada permanente de mi nueva campaña de Five Leagues From the Borderlands ambientada en Karameikos, en el mundo de Mystara y alrededor del año 1000 AC.

Iré actualizando aquí la ficha de la banda, sus recursos y situación general, además de mantener al final un índice de las partidas y turnos publicados en el blog.

La campaña comenzó en las cercanías de Kelvin. Desde allí, la Compañía viajó hasta Threshold, que se ha convertido en su principal punto de referencia en la región. Desde la ciudad ha comenzado a ganarse la vida aceptando contratos, patrullando caminos, explorando lugares poco conocidos y siguiendo las primeras pistas de asuntos bastante más extraños de lo que esperaba encontrar. Sus viajes la han llevado ya hasta Rifllian y los bosques de Radlebb, donde terminó el Turno 7.


La Compañía de la Linterna

Emblema de la Compañía de la Linterna

La Compañía de la Linterna está formada actualmente por seis Héroes. Mikhail, Alexander, Ilyana y Zan formaban su núcleo original, mientras que Marika y Lucan comenzaron la campaña como Seguidores permanentes antes de ganarse un lugar entre los Héroes al cierre del Turno 7.

Sus miembros ya habían colaborado anteriormente en distintos trabajos, aunque esta es la primera vez que intentan mantenerse juntos como una auténtica compañía.

No tienen patrono permanente y su reputación es todavía modesta: siguen siendo profesionales locales intentando hacerse un nombre, aunque sus primeros viajes ya los han llevado bastante más allá de Threshold.

Miembros de la compañía en su fundación

Estos son sus seis miembros al cierre del Turno 7:

Zandra «Zan» Ivanova — Heroína y jefa

Humana traladarana, 31 años. Nacida en Specularum y residente en Threshold desde hace varios años. Antigua mensajera e intermediaria.

Función: jefa de la Compañía; negociación, coordinación y tiro a distancia.

Personalidad: pragmática, perceptiva y protectora.

Agi 3 · Vel 4/+3 · Comb +0 · Res 3 · Vol 0 · Sue 0 · Arm 2 · PX 4

Habilidades: Don de gentes.

Rasgos: ninguno.

Trasfondo: Habitante de ciudad. Humano: +1 a las pruebas de Don de gentes.

Equipo: arco largo, arma común, arma ligera y armadura parcial.

Estadísticas: distancia 5 disparos / 4 impactos / 3 bajas · bajas totales 3 · heridas sufridas 0 · bajas sufridas 0


Mikhail Cassian — Héroe / Místico

Humano karameikano de ascendencia mixta, 30 años. Nacido en torno a Threshold. Antes de incorporarse a la Compañía ejercía como sanador, exorcista y mediador ritual itinerante.

Función: sanación, rituales y asuntos sobrenaturales.

Personalidad: ceremonioso, compasivo y orgulloso; se toma muy en serio los peligros sobrenaturales.

Agi 1 · Vel 4/+3 · Comb +0 · Res 4 · Vol 0 · Sue 0 · Mag +1 · Arm 1 · PX 4

Habilidades: Devoción.

Rasgos: ninguno.

Tipo especial: Místico. Humano: +1 a las pruebas de Don de gentes.

Equipo: bastón —un gran fémur utilizado como arma y apoyo ritual—, armadura ligera y objetos rituales. Transporta además un arma estándar dañada.

Magia: Inspirar 7+ · Curación 6+ · Rompeacero 7+ · Marca 7+ · Atadura 8+.

Estadísticas: conjuros 2 intentos / 2 éxitos · bajas totales 0 · heridas sufridas 0 · bajas sufridas 0. 


Alexander Vardos — Héroe

Humano thyatiano de Karameikos, 27 años. Segundo hijo de una familia noble menor con propiedades entre Specularum y Kelvin. Busca labrarse un nombre, mérito y reputación propios, aunque su pasado mantiene todavía una red familiar y de clase que apenas ha comenzado a individualizarse.

Función: representación formal y combate especializado.

Personalidad: cortés, seguro, competitivo, orgulloso y exigente. Concede gran importancia al mérito, la palabra dada y la reputación, y entiende la nobleza más como una obligación que como un simple privilegio.

Agi 1 · Vel 6/+3 · Comb +0 · Res 3 · Vol 1 · Sue 0 · Arm 2 · PX 8

Habilidades: ninguna.

Rasgos: ninguno.

Trasfondo: Noble.

Humano: +1 a las pruebas de Don de gentes.

Equipo: espada de esgrima, espada pesada de estocada y armadura parcial.

Estadísticas: bajas totales 3 · heridas sufridas 0 · bajas sufridas 0


Ilyana Valerion — Heroína / Avatar

Humana karameikana de ascendencia mixta, 34 años. Nacida cerca de Verge; antigua guía, escolta y vigilante de caminos. Su vida previa explica su conocimiento práctico del territorio y su experiencia con caminos y viajeros.

Función: guía, reconocimiento y autoridad de campo.

Personalidad: reservada, observadora, serena y protectora; impaciente con la ostentación. Habla cuando considera que tiene algo útil que aportar y, en el campo, puede asumir autoridad sin buscar dirigir al grupo en general.

Agi 1 · Vel 4/+3 · Comb +0 · Res 4 · Vol 1 · Sue 1 · Arm 2 · PX 2

Habilidades: Orientación.

Pesca: Localización +1 · progreso 1/4.

Rasgos: ninguno.

Trasfondo: Fronteriza.

Tipo especial: Avatar.

Humana: +1 a las pruebas de Don de gentes.

Equipo: espada bastarda, escudo, armadura parcial, casco y capa de montaraz.

Estadísticas: bajas totales 0 · heridas sufridas 0 · bajas sufridas 1


Marika Toren — Heroína


Humana karameikana de ascendencia mixta, 22 años. Nacida en Threshold; antigua empleada de Casa Vasilev, sin parentesco con los propietarios. Está bien arraigada en la ciudad y su red de relaciones no se limita a su antiguo empleador.

Función: persona de confianza; registros, suministros y apoyo.

Personalidad: metódica, observadora, precisa, práctica y firme. Clara y concreta, con un humor seco y factual que a menudo nace de señalar exactamente lo que los demás preferirían pasar por alto.

Agi 1 · Vel 4/+3 · Comb +0 · Res 3 · Vol 0 · Sue 0 · Arm 1 · PX 0

Habilidades: ninguna.

Condición: Fiel.

Rasgo previo: Ayudante, retirado tras su promoción a Heroína. Sus antiguas competencias de Táctica, Reconocimiento y Erudición no se convierten en Habilidades propias.

Humana: +1 a las pruebas de Don de gentes.

Equipo: bastón, armadura ligera, libro, mochila y útiles narrativos. Transporta además un arma estándar dañada.

Estadísticas: bajas totales 0 · heridas sufridas 0 · bajas sufridas 0.


Lucan «Luka» Petrescu — Héroe

Humano karameikano de ascendencia mixta, 29 años. Nacido en Kelvin y criado en una compañía itinerante de música y comercio. Está acostumbrado a desplazarse, conocer gente nueva y cambiar de registro, y conserva una red informal previa vinculada a rumores, mensajería y tránsito.

Función: pícaro de mil caras; rumores, mensajería y contactos.

Personalidad: sociable, ingenioso, cálido, rápido, carismático, descarado y evasivo. Suele utilizar el humor y la ironía como herramientas sociales, pero cuando deja de bromear es porque algo le importa de verdad.

Agi 1 · Vel 4/+3 · Comb +0 · Res 3 · Vol 0 · Sue 1 · Arm 1 · PX 0

Habilidades: ninguna.

Rasgo previo: Superviviente, resuelto tras su promoción; el punto de Sue 1 obtenido se conserva.

Tipo de Seguidor previo: Pícaro astuto.

Humano: +1 a las pruebas de Don de gentes.

Equipo: arco simple, arma ligera, armadura ligera —la antigua de Zan— y laúd.

Estadísticas: distancia 4 disparos / 3 impactos / 1 baja · bajas totales 1 · heridas sufridas 0 · bajas sufridas 0.


Recursos de la compañía

Al cierre del Turno 7:

  • Fondos: 4 Reales.
  • Reserva de Ilyana: 1 Real destinado exclusivamente a pesca.
  • Puntos de Historia: 5.
  • Puntos de Aventura: 3.
  • Provisiones: 1 ración.
  • Otros recursos: 2 dosis de hoja de árbol de plata y antorchas.
  • Botín pendiente de convertir en dinero: metales preciosos con un valor de venta de 5 Reales.
  • Equipo dañado: 2 armas estándar Dañadas, transportadas respectivamente por Mikhail y Marika.
  • Heridas actuales: ninguna.

Estadísticas generales

Turnos de campaña completados: 7
Enfrentamientos jugados: 2
Batallas computables de campaña: 1
Victorias: 2
Derrotas: 0

Enemigos abatidos: 9
Enemigos huidos por Moral: 4

Bajas sufridas: 1
Heridas sufridas: 0

Distancia estratégica recorrida: 192 millas, más desplazamientos locales no contabilizados.

El prólogo, Los ladrones de la vieja posta, no cuenta como batalla a efectos de los contadores mecánicos normales de campaña, aunque se conserva en estas estadísticas históricas.


Situación actual

La Compañía se encuentra actualmente en los bosques de Radlebb, acampada junto al retiro de Seleran, un antiguo escribiente y tasador Callarii al que llegaron siguiendo una pista proporcionada por Petar.

Fecha: noche del 4 de Ambyrmont de 1000 AC, principios del otoño.

Área: KRM-A14 — Retiro de Seleran.

Localización: KRM-L023 — Retiro del coleccionista Callarii, 1 hexágono —8 millas— al sudoeste de Rifllian.

Estado: En Campamento.

Base habitual: Threshold continúa siendo el principal punto de referencia de la Compañía, aunque actualmente se encuentra lejos de la ciudad.

Durante el viaje desde Rifllian fueron emboscados por un grupo que pretendía cobrar un supuesto peaje en los caminos de Radlebb. Tras alcanzar el retiro de Seleran, consiguieron consultar el libro que buscaban y dieron un nuevo paso en la investigación del ornamento grabado.

 

Mapa de campaña

El siguiente mapa ofrece una visión general del escenario de campaña y sirve como referencia para situar las principales regiones, asentamientos, rutas y zonas de interés de Karameikos. Algunas capas operativas de la campaña —como Áreas, Localizaciones descubiertas, regiones inhóspitas o presencia territorial de facciones— se gestionan y actualizan por separado a medida que avanza la partida.

Karameikos — mapa general de campaña.

Asuntos pendientes

  •  Cinco cabecillas — Recompensa por objetivos: 0/5 líderes eliminados.
  • El ornamento grabado — Investigación en curso, Opacidad 3/13. El obstáculo «Hace falta un libro» ha sido superado tras consultar El libro de los signos en el retiro de Seleran, por lo que la investigación vuelve a estar desbloqueada. El libro podrá volver a consultarse allí si fuera necesario.
  • Las Luces del Brezal — Localización todavía inexplorada. Su posición permanece deliberadamente imprecisa, en un sector de los Picos Negros al norte/nordeste de Threshold.

Rumores sin confirmar

Durante su estancia con Seleran, la Compañía recogió varias noticias de los bosques de Radlebb: desde hace alrededor de una semana se habla de hombres armados cobrando supuestos peajes al sur y oeste de Rifllian; alguien preguntó recientemente por documentos antiguos relacionados con lindes y derechos forestales; y algunos trabajadores Callarii han encontrado marcas de senda alteradas en caminos poco frecuentados del oeste.

Por ahora son solo rumores. La Compañía no sabe si guardan relación entre sí.

 

Contactos y conocidos

  • Casa Vasilev: antiguo empleador de Marika y con vínculos profesionales previos con Zan.
  • Familia Vardos: familia noble menor de Alexander.
  • Sargento Arthol: guardia de Threshold que recuerda a Zan de sus años como mensajera; relación cordial, pero no constituye todavía un Contacto o Amigo de campaña.
  • Petar: erudito itinerante que ayudó a Mikhail a interpretar el ornamento grabado y puso a la Compañía tras la pista de Seleran. Es un conocido útil, pero no un Amigo mecánico.
  • Seleran: elfo Callarii, antiguo escribiente y tasador, retirado en los bosques de Radlebb. Colecciona libros y documentos antiguos y posee conocimientos sobre manuscritos, signos, procedencia de objetos, antiguos lindes y la región. La relación con la Compañía es cordial y puede volver a ser contactado, pero no es un Amigo mecánico.
  • Iglesia de Karameikos: un sacerdote del entorno eclesiástico de Sherlane Halaran fue el patrono de Los márgenes del mapa.

Partidas y turnos

#001 Prólogo — 12 de Fyrmont de 1000 AC

Los ladrones de la vieja posta

La compañía regresa a un refugio temporal en las afueras de Kelvin y encuentra a siete saqueadores robando sus pertenencias. Cinco son abatidos y dos huyen. La Compañía de la Linterna recupera el equipo y sale intacta de su primer enfrentamiento.

#002 Turnos 1–5 — 13 a 21 de Fyrmont de 1000 AC

Los márgenes del mapa

La Compañía viaja desde Kelvin hasta Threshold y comienza a buscarse la vida en la frontera. Sus primeros contratos la llevan hasta Tres Caminos y a una cantera desconocida, mientras Mikhail investiga un misterioso ornamento y el encuentro casual con Petar adquiere una importancia inesperada.

Resultado destacado: Los márgenes del mapa, completado.
Distancia estratégica recorrida: 128 millas.

#003 Turnos 6–7 — 22 de Fyrmont a 4 de Ambyrmont de 1000 AC

Y alrededor de la linterna había seis

La búsqueda de Petar lleva a la Compañía desde Threshold hasta Rifllian y, desde allí, tras la pista de un erudito Callarii llamado Seleran. En los bosques de Radlebb sufren una emboscada antes de alcanzar su retiro, donde consiguen consultar El libro de los signos y desbloquear de nuevo la investigación del ornamento grabado.

Durante estos Turnos, Marika y Luka dejan atrás su condición de Seguidores y pasan a formar parte de la Compañía como Héroes.

Resultado destacado: El libro de los signos, completado; obstáculo «Hace falta un libro» superado.
Batalla: El peaje entre los árboles, victoria.
Distancia estratégica recorrida: 64 millas.