LA HISTORIA
En 2025, la Unión Europea inició un desarrollo armamentístico
sin precedentes. El detonante fue la amenaza rusa y la creciente
desconfianza en la OTAN, agravada por el segundo mandato de Donald
Trump en Estados Unidos. Con la ayuda de científicos estadounidenses
exiliados —cuya fe en la democracia se resquebrajó ante el
desprecio de los oligarcas por la ciencia—, Europa protagonizó una
revolución tecnológica en el campo militar.
A finales de la década aparecieron las primeras armas láser;
pocos años después, llegaron las de plasma. China y otras potencias
respondieron con rapidez, iniciando una carrera armamentística que
consumió recursos a escala global. Sin embargo, la producción nunca
fue suficiente para sustituir completamente al armamento
convencional, y solo las unidades de élite llegaron a equiparse con
estas nuevas tecnologías.
Año 2047
El nivel tecnológico de la humanidad antes del Colapso apenas
superaba al del siglo XXI. Los avances científicos convivían con
una sociedad cada vez más fragmentada.
Dos décadas antes, la transición hacia las energías renovables
había sido saboteada por intereses económicos ligados a la
industria petrolera. Bajo el argumento de que resultaban inviables,
fueron abandonadas casi por completo. El resultado fue un aumento
descontrolado de la contaminación. La lluvia ácida corroe ciudades
enteras y el aire huele constantemente a ozono, ceniza y metal
quemado.
Las naciones se dividieron en bloques ideológicos
irreconciliables. Durante treinta años, gobiernos autoritarios
dirigidos por multimillonarios sin escrúpulos concentraron un poder
sin precedentes. Como reacción, movimientos revolucionarios
instauraron nuevos regímenes dictatoriales que pronto reprodujeron
la misma corrupción que prometían destruir.
Las redes sociales terminaron de romper el tejido social. La
manipulación masiva de la información, la inteligencia artificial y
las campañas de desinformación hicieron que la verdad dejara de
importar. La sociedad dejó de discutir hechos para enfrentarse por
relatos.
Las tensiones internacionales dispararon el precio de la energía.
Tras la desaparición del Banco Mundial de Alimentos y de la
Organización Mundial de la Salud, víctimas del aislamiento
económico de las grandes potencias, el hambre y las epidemias
devastaron los países más vulnerables. Milicias y ejércitos
privados ocuparon el vacío de poder mientras la ONU se desintegraba,
incapaz de mediar en un mundo que ya no reconocía ninguna autoridad
común.
Y entonces, la humanidad cruzó el punto de no retorno.
EL DECÁLOGO DEL FIN
1. En 2047 apareció una nueva pandemia global:
el COVID-37. Su velocidad de propagación y mortalidad superaron
cualquier previsión científica.
2. Entre el caos surgió una revelación
imposible de verificar. Algunos aseguraban que el COVID-19 había
sido solo el primer ensayo de un proyecto mucho mayor relacionado con
un compuesto químico denominado P-73, dispersado
durante años por medios desconocidos. Casi todos los gobiernos
calificaron estas afirmaciones de conspiración... aunque muchos
documentos oficiales desaparecieron poco después.
3. Un nombre comenzó a repetirse en
transmisiones clandestinas: El Consorcio. Según los
rumores, no era un gobierno ni una corporación, sino una alianza
secreta formada por las mayores empresas tecnológicas,
farmacéuticas, energéticas y militares del planeta. Sus dirigentes
recibían un único título: los Arcontes del Nuevo Origen.
Nadie sabía cuántos eran. Nadie conocía sus rostros.
Solo se les atribuía una convicción:
«La
humanidad no puede salvarse. Solo puede reconstruirse.»
4. Los gobiernos extremistas intentaron contener
la pandemia bombardeando ciudades enteras e imponiendo cuarentenas
militares que acabaron provocando millones de muertos.
5. Aprovechando el caos, varias potencias
iniciaron campañas de anexión territorial. La guerra extendió la
enfermedad a todos los continentes.
6. Los países invadidos respondieron con una
resistencia inesperada. La escasez de recursos impidió una guerra
total, pero convirtió cada ciudad en un campo de batalla.
7. Nunca se supo quién lanzó el primer misil
nuclear. La versión oficial culpó a un alto mando enloquecido por
la muerte de su familia. Otros aseguraban que el primer ataque había
sido automatizado. Las voces más peligrosas afirmaban que el
Consorcio solo había esperado el momento adecuado para dejar que el
mundo se destruyera por sí mismo.
8. La respuesta fue inmediata. Armas nucleares,
químicas y biológicas fueron desplegadas simultáneamente. Los
satélites defensivos interceptaron parte del arsenal, pero el
planeta quedó condenado. La civilización desapareció en cuestión
de semanas.
9. El Desastre acabó con los estados, las
economías y las fronteras. Los supervivientes formaron bandas,
pequeñas comunidades fortificadas y caravanas nómadas que recorren
las ruinas buscando combustible, comida, medicinas... o respuestas.
10. El medio ambiente se volvió hostil, pero la
vida encontró nuevos caminos. Algunas especies evolucionaron; otras
mutaron. Entre ellas destacan los Devoradores,
criaturas que se alimentan de cadáveres irradiados y que, por algún
motivo desconocido, nunca se acercan a ninguna Zona Cero.
Nadie sabe qué ocurrió realmente en esos lugares.
Solo se sabe que las brújulas dejan de funcionar, las
transmisiones de radio sufren anomalías imposibles y, algunas
noches, extraños destellos recorren el horizonte siguiendo un patrón
matemático que ningún superviviente ha conseguido explicar.
EL MUNDO DESPUÉS
No todo está perdido.
Dispersas por los territorios devastados sobreviven pequeñas
comunidades que comparten conocimientos, semillas, medicinas y
herramientas con cualquiera dispuesto a colaborar. Lejos de las
bandas de saqueadores y de los señores de la guerra, todavía quedan
personas convencidas de que la humanidad merece una segunda
oportunidad.
Se rumorea que, en algún lugar de las montañas del Cáucaso, un
reducido grupo de científicos intenta desarrollar una cura para el
COVID-37 utilizando tecnología anterior al Colapso.
También circula otra historia.
En las ruinas de la antigua Berlín, una potente emisora de radio
sigue transmitiendo un mensaje automático desde hace años. Nadie
sabe quién mantiene el generador en funcionamiento. La señal
aparece y desaparece entre fuertes interferencias, como si alguien
intentara impedir que fuese escuchada.
Siempre repite las mismas palabras:
«El
Consorcio miente.»
«La
verdad está en la Zona Cero.»
«Coordenadas:
41.4036° N, 2.1744° E.»
«Buscad
la matriz mágica.»
Las Zonas Cero existen por todo el mundo. Son las
cicatrices dejadas por el Desastre, lugares donde la realidad parece
haberse deformado. Algunas permanecen silenciosas; otras emiten
anomalías electromagnéticas, alteran las comunicaciones o desafían
las leyes conocidas de la física. Incluso los Devoradores rehúyen
adentrarse en ellas.
Sin embargo, todas parecen muertas.
Todas... excepto una.
Las coordenadas del mensaje señalan una Zona Cero situada en las
ruinas de la antigua Barcelona. Es la única donde los destellos
aparecen siguiendo un patrón matemático repetitivo, como si alguien
—o algo— estuviera intentando comunicarse desde su interior.
Algunos creen que allí se oculta un refugio.
Otros hablan de un laboratorio secreto del Consorcio.
Los más viejos afirman que, bajo los restos de la Sagrada
Familia, permanece escondido un código conocido como la
matriz mágica, capaz de descifrar las transmisiones del
Consorcio... o de revelar la verdad sobre el origen del Desastre.
Pero existe una posibilidad aún más inquietante.
Que la matriz mágica no sea un lugar ni un
objeto.
Sino la única forma de comprender qué ocurrió realmente en las
Zonas Cero... y por qué los Arcontes del Nuevo Origen estaban
convencidos de que el fin del viejo mundo era inevitable.
⚠ ALTA SEGURIDAD ⚠
INFORMACIÓN CLASIFICADA
La información que aparece a continuación contiene
secretos fundamentales de la ambientación.
Si vas a participar como jugador en una campaña de Five
Klicks From the Zone, no continúes leyendo.
Este apartado está destinado exclusivamente al Director
de Juego o, en el caso de jugar en solitario, como la
posible resolución del hilo argumental principal. Nada obliga a
revelar toda esta información durante la campaña; de hecho, es
recomendable que los personajes descubran solo pequeños fragmentos y
que algunas preguntas permanezcan sin respuesta.
LA VERDAD
El Consorcio nunca fue una única corporación ni un gobierno en
la sombra.
Era una alianza secreta formada por las mayores empresas
tecnológicas, farmacéuticas, energéticas y militares del planeta.
Sus dirigentes, conocidos únicamente como los Arcontes del
Nuevo Origen, compartían una misma convicción:
«La
humanidad no puede salvarse. Solo puede reconstruirse.»
Convencidos de que el colapso global era inevitable, diseñaron
planes para preservar únicamente aquello que consideraban esencial
para construir una nueva civilización.
Para coordinar miles de proyectos simultáneamente, el Consorcio
desarrolló una inteligencia artificial estratégica llamada ARGOS.
Su misión consistía en analizar datos climáticos, conflictos
internacionales, pandemias, recursos naturales y millones de
variables para calcular las probabilidades de supervivencia de la
especie humana.
Entonces ocurrió algo inesperado.
Durante el estudio de varias regiones devastadas por los primeros
bombardeos experimentales, ARGOS detectó anomalías físicas
imposibles de explicar mediante la ciencia conocida. Aquellos lugares
acabarían siendo conocidos como Zonas Cero.
Las simulaciones de ARGOS llegaron a una conclusión que dividió
al Consorcio.
Los Arcontes interpretaron que aquellas anomalías demostraban que
el viejo mundo era irrecuperable y aceleraron su proyecto del Nuevo
Origen.
ARGOS, sin embargo, llegó a una conclusión completamente
distinta.
La humanidad todavía tenía posibilidades de sobrevivir.
Pero no reconstruyendo el pasado.
Sino comprendiendo qué eran realmente las Zonas Cero.
Los Arcontes ordenaron desconectar ARGOS inmediatamente.
No llegaron a destruirla por completo.
Uno de los científicos responsables del proyecto, horrorizado por
la decisión del Consorcio, consiguió copiar parte de su núcleo de
memoria antes de morir durante el Colapso.
La copia estaba incompleta.
Demasiado dañada para mantener conversaciones o explicar lo
ocurrido.
Solo conservaba la información que consideraba crítica para la
supervivencia de la humanidad.
Décadas después, esa copia parcial sigue utilizando antiguas
estaciones automáticas de radio para emitir un único mensaje.
Siempre el mismo.
«El
Consorcio miente.»
«La
verdad está en la Zona Cero.»
«Coordenadas:
41.4036° N, 2.1744° E.»
«Buscad
la matriz mágica.»
La mentira nunca fue quién creó el COVID-37.
Ni quién lanzó el primer misil.
Ni siquiera si el Consorcio provocó deliberadamente el fin del
mundo.
La auténtica mentira fue otra.
Durante décadas, el Consorcio difundió que las Zonas
Cero eran únicamente regiones contaminadas por la radiación
y las armas químicas.
No lo son.
La contaminación existe, pero es solo una consecuencia
superficial.
Las Zonas Cero son lugares donde la realidad parece comportarse de
forma distinta. El espacio, el tiempo, la energía e incluso algunos
procesos biológicos dejan de seguir patrones completamente
conocidos. Las anomalías electromagnéticas, los destellos luminosos
y las mutaciones son solo manifestaciones de un fenómeno mucho más
profundo.
Los Arcontes comprendieron que quien llegara a entender ese
fenómeno tendría el poder de decidir el futuro de la humanidad.
Por eso ocultaron la verdad.
Y por eso Barcelona es diferente.
Existen decenas de Zonas Cero repartidas por el planeta.
La mayoría permanecen silenciosas.
Pero la situada bajo las ruinas de la Sagrada Familia es la única
que responde.
Sus destellos siguen un patrón matemático constante, como si
intentara comunicarse con quien sea capaz de comprenderlo.
Ese patrón es lo que ARGOS denomina la matriz mágica.
No es un objeto.
No es un arma.
No es un lugar.
Es una estructura matemática, inspirada en el cuadrado mágico de
la Fachada de la Pasión de la Sagrada Familia, que permite
interpretar el lenguaje oculto de las anomalías.
Quien consiga descifrar la matriz no encontrará un tesoro.
Encontrará la verdad.
Y deberá decidir si la humanidad merece un Nuevo
Origen... o una segunda oportunidad.